Teoría del mercado de capitales:rentabilidades, estadísticas de rentabilidad, rentabilidades promedias de los valores y rentabilidades sin riesgo, tasa de descuento para los proyectos con riesgo beta.
Teoría del mercado de capitales.
El mercado de capitales es
aquel al que acuden los agentes del mercado tanto para financiarse a medio y
largo plazo (superior a 18 meses) como para realizar inversiones. Al negociarse
activos a más largo plazo que en el mercado monetario, incorpora un mayor
riesgo.
Definición:
El mercado de capitales es un
tipo de mercado financiero donde se realiza la compra-venta de títulos valor,
activos financieros de empresas y otras unidades económicas como son las
acciones, obligaciones y títulos de deuda a largo plazo.
El mercado de capitales
otorga a los inversores la posibilidad de participar como socios
proporcionalmente en el capital de la empresa invertido. En contraposición, las
empresas tienen la posibilidad de colocar parte de su capital entre un gran
número de inversores con el propósito de financiar capital de trabajo y la
expansión de la empresa.
Este mercado se caracteriza
y diferencia del mercado monetario en dos aspectos:
Riesgo: El grado de riesgo de los emisores en el mercado de capitales se
extiende a un gran número de agentes; emisores públicos con garantía del
estado, emisores con alto nivel de riesgo, compañías con diferentes
calificaciones crediticias o estados con diferentes niveles de riesgo.
Liquidez: Mientras que los títulos emitidos del mercado monetario eran
plenamente líquidos, en los mercados de capitales hay una gran diversidad de
liquidez. Desde títulos de fácil colocación en el mercado secundario hasta
títulos cuya estrategia habitual sea mantenerlos hasta vencimiento.
Este mercado se divide en:
Mercado de renta fija.
Mercado de renta variable.
Mercado de crédito y
derivados.
Mercado de renta fija
En este mercado se negocian
títulos de renta fija (bonos, letras, etc.), y por tanto su poseedor es un
acreedor de la empresa emisora. En los mercados de renta variable el poseedor
de una acción está comprando una parte de la compañía. Por tanto, los
poseedores de activos de renta fija o de acciones tienen una posición jurídica
distinta, y esto se verá reflejado en las obligaciones que cada uno debe
afrontar ante un evento crediticio, las diferencias son notables.
Mercado de renta variable
Es el mercado donde se
negocian acciones, conocido como la bolsa. Para ello, las empresas que cotizan
en bolsa, dividen su capital en partes y a eso es a lo que denominan acciones
(participaciones en el capital de la empresa).
Las empresas pueden optar
por poner todo o parte de sus acciones (capital) a la venta, normalmente
mediante una Oferta Pública de Venta.
Por lo que respecta al
mercado de renta variable, un indicador que se utiliza habitualmente para medir
la importancia es la capitalización bursátil de los valores negociados en
relación con el producto interior bruto (PIB), no obstante, los índices
bursátiles de cada país es el baremo más usado en este mercado.
Mercado de crédito y derivados
Al mercado de crédito se le
suele considerar dentro del mercado de renta fija. En este mercado, tienen
lugar aquellas emisiones de bonos realizas por empresas o entidades privadas
(ya sean financieras o no). La gestión de este tipo de posiciones se suele realizar
cubriendo el componente de riesgo de tipo de interés, a través, de un derivado
de tipo de interés (interest rate swap -IRS), y gestionando luego lo que se
conoce como spread de crédito (que es el porcentaje o puntos básicos que paga
un emisor sobre el EURIBOR o LIBOR que se toman como referencia).
Hay que hacer mención del
enorme crecimiento que ha tenido la operativa sobre derivados de crédito en los
últimos años. En el caso de los derivados financiero, en general, al poder
intervenir en cualquier mercado, dependiendo del tipo de derivado y del activo
subyacente, podemos concluir con que está presentes en cualquier mercado.
Características del mercado de capitales.
Al comprar el inversor
títulos (acciones) de la compañía, se convierte en socio de la empresa en parte
proporcional al capital que posea.
Existe mucha liquidez en el
mercado de capitales, por lo que es relativamente sencillo realizar la
compra-venta de títulos.
Existe riesgo en la
inversión ya que es un mercado de rendimientos variables, es decir, hay mucha
volatilidad en los precios de los títulos.
No existe ninguna garantía
de obtener beneficios.
No hay un plazo concreto
para la compra-venta de títulos, cada cual elige cuando comprar o vender.
Beneficios y objetivos del mercado de capitales.
Puede otorgar una alta
rentabilidad en el largo plazo.
Permite diversificar el
riego del portafolio de la inversión.
Posibilita el acceso a las
mejores empresas del mundo dentro de un marco de legalidad y seguridad.
Establece recursos a la financiación
de empresas del sector productivo de la economía.
Ofrece una amplia gama de
productos con diferente riesgo asociado de acuerdo con las necesidades de
inversión o financiación de los participantes en el mercado.
Reduce los costes de
selección y asignación de recursos a actividades productivas.
Clasificación del mercado de capitales.
Los mercados de capitales
pueden clasificarse en función de diferentes criterios:
Mercado de capitales en función de los activos que se negocien en
ellos
Mercado
de valores de renta fija, bonos y obligaciones, o variable, acciones.
Mercado
de crédito a largo plazo: préstamos y créditos bancarios.
Mercado de capitales en función de su estructura
Mercado
organizado: aquel mercado oficial, regulado y supervisado.
Mercado
OTC (Over The Counter): aquel mercado donde la negociación se realiza
directamente entre las partes, presenta un mayor riesgo.
Mercado de capitales en función del momento temporal.
Mercado
primario o de emisión: aquel donde se transmiten por primera vez los valores
emitidos.
Mercado secundario: aquel
donde se realizan las sucesivas compra-ventas de los títulos ya emitidos en el
mercado primario.
Los mercados primarios de valores.
La emisión de acciones y obligaciones.
La financiación interna o
autofinanciación resulta insuficiente para satisfacer las necesidades
financieras a largo plazo de la empresa.
Esta tiene que acudir a la
financiación externa, bien sea emitiendo acciones (con lo cual la sociedad
amplía su capital propio), o bien sea emitiendo obligaciones (con lo cual se
endeuda).
Los recursos financieros
externos procedentes de una ampliación del capital propio tienen un grado de
exigibilidad nulo, lo que no ocurre con los procedentes de una emisión de
obligaciones, que, aunque dado su carácter de recursos financieros a largo
plazo su exigibilidad es débil. Además de las deudas contraídas al emitir
obligaciones, la empresa puede endeudarse también acudiendo al mercado de
crédito, ya sea a largo, medio o corto plazo.
El mercado primario de valores
es en donde se venden por primera vez los valores mobiliarios (acciones,
obligaciones, etc.).
Papel de los bancos de inversión en el mercado de valores
primarios.
Los bancos de inversión
actúan como intermediarios entre los emisores de títulos y los posibles
suscriptores. Estos bancos conocen bien el mercado, por ello, pueden aconsejar
también al cliente acerca del mejor precio y del momento oportuno para hacer la
emisión.
De ahí que las funciones de
dichos bancos son: intermediarios financieros, consejero financiero y
garantizar la suscripción de los valores emitidos ya que se comprometen a
quedarse con los títulos invencidos.
El banco de inversión que va
a intervenir en la operación de emisión puede seleccionarse de dos formas:
Mediante concurso o subasta
pública.
Por negociación directa.
En la venta de los valores
por medio de concurso público los bancos suelen asociarse, formando un
sindicato, con la finalidad de repartir el riesgo de emisión y utilizar una
organización comercial más amplia. La sociedad emisora fija un plazo, para que
los sindicatos que deseen concurrir remitan las ofertas. El sindicato que más
ofrezca se lleva la emisión, y paga a la sociedad la diferencia entre el precio
ofrecido y la cantidad de dinero que entregó como garantía.
La responsabilidad de un
sindicato bancario, que toma en firme la colocación de una emisión de acciones,
puede ser limitada o colectiva. En el primer caso, si un banco coloca las
acciones que le han correspondido, su responsabilidad es nula.
Por el contrario, en el caso
de responsabilidad colectiva, cada banco responde de los títulos invencidos
según su participación en el total, aunque haya vendido toda su parte.
En la negociación directa,
la sociedad emisora elige un banco y discute con él el precio y las demás
condiciones de venta, en el caso de que esta sea firme. Si la emisión es de
importancia, el banco puede invitar a otros bancos, con el objetivo de repartir
el riesgo. Esta forma de colocación negociada es más flexible que la colocación
mediante concurso. Cuando la sociedad emisora queda satisfecha da la operación
suele utilizar el mismo banco en otras emisiones futuras.
Formas de colocación de los valores primarios
Las ofertas al público son
las más usuales, y en las cuales pueden intervenir o no los bancos de
inversión, aunque esto último es lo más frecuente.
La venta indirecta por medio
de los bancos de inversión generalmente presenta tres modalidades: 1) venta en
firme, 2) acuerdo stand by o compromiso del banco de inversión de comprar los valores
no vendidos y 3) venta al mayor esfuerzo o best efforts selling.
La venta firme es la
modalidad más utilizada por la empresa, y consiste en la compra directa por el
banco de inversión (solo o en sindicato) de los valores mobiliarios que la
empresa quiere colocar en el mercado.
El banco de inversión asume
de esta forma el riesgo de tener que quedarse con un buen paquete de acciones
invencidas o de saldar con pérdida la operación, cuando el precio de los
valores desciende demasiado. El beneficio o margen del banco es igual a la
diferencia entre los ingresos conseguidos por la venta de la acciones u
obligaciones, menos el precio que el banco ha pagado a la empresa por dichos
valores más los gastos de operación.
Al banco de inversión puede
no interesarle tomar en firme la emisión, sobre todo cuando no está muy
convencido de la buena acogida de los valores a un precio fijado, cobrando una
comisión por cada título vendido, pero sin correr el riesgo de quedarse con los
títulos invencidos (venta al mayor esfuerzo). El banco puede comprometerse
también a quedarse con los títulos que no se vendan, pero a un precio especial
(acuerdo stand by).
Por “colocación privada” se
entiende la venta directa de grandes paquetes de valores, por parte de las
empresas, a inversores institucionales (bancos comerciales, cajas de ahorro,
compañías de seguro, etc.). En estas colocaciones pueden intervenir también los
bancos de inversión, aunque su función en ese caso es muy limitada, sólo
interesa por razones de publicidad y para buscar el comprador para la emisión.
Este tipo de colocación presenta algunas ventajas con relación a la oferta
pública: 1) menores gastos, no hay que pagar comisiones o estas son menores; 2)
mayor rapidez, la suscripción se efectúa generalmente en bloque y no hay que
esperar a que el público se decida a comprar los valores, y 3) mayor
flexibilidad para la empresa al poder negociar directamente con los
compradores.
La emisión de acciones
La emisión de acciones
constituye una forma de obtener recursos financieros a largo plazo por parte de
la empresa, bien sea para la creación de capital social cuando se constituye la
sociedad, o para la ampliación del mismo cuando el capital inicial resulta
insuficiente. Las acciones representan partes alícuotas del capital social, y
es nula la creación de acciones que no responda a una efectiva aportación
patrimonial a la sociedad. Las acciones pueden ser nominativas o al portador.
Mientras no hayan sido
totalmente desembolsadas revestirán la forma nominativa.
Las acciones pueden ser
emitidas bajo el par, a la par y sobre el par, según que el precio de emisión
sea inferior, igual o superior al valor nominal. La diferencia entre el precio
de emisión y el valor nominal se llama prima de emisión, que cuando es negativo
supone un quebranto de emisión. Generalmente las leyes de las sociedades
anónimas prohíben la emisión de acciones bajo el par.
Según los derechos que
confieren, las acciones pueden ser ordinarias o privilegiadas. Los titulares de
acciones privilegiadas tienen preferencia para el cobro de los dividendos y
para participar en el reparto del patrimonio resultante de la liquidación. En
el caso de quiebra los accionistas privilegiados pasan después de los
acreedores, pero antes de los accionistas ordinarios. El pago de dividendos a
los accionistas privilegiados no constituye para la empresa una obligación
legal, como ocurre en los intereses de las obligaciones, pero cuando la
situación económica y financiera de la empresa lo permita, a dichos accionistas
hay que pagarles primero que a los accionistas ordinarios y en la forma
establecida en los estatutos de la sociedad, cuya modificación es preceptiva
cuando se emiten acciones de este tipo.
Las acciones privilegiadas
constituyen una forma hibrida de financiación, que presentan a la vez
características de acciones ordinarias y de obligaciones. El principal
inconveniente con relación a las obligaciones es que los dividendos de las
acciones privilegiadas no son deducibles de la base imponible del impuesto de
sociedades, a diferencia de lo que ocurre con los intereses de las deudas. Pero
frente a este inconveniente, las privilegiadas presentan ventajas con relación
a las obligaciones. No tienen vencimiento fijo, y tampoco existe la obligación
legal de pagarle los dividendos cuando la situación económica de la sociedad no
es buena.
Además, como al emitir
acciones privilegiadas aumenta el volumen de capital propio, ello implica un
incremento del grado de autonomía financiera de la empresa (se reduce el riesgo
financiero), y con ello se deja abierta la posibilidad de contraer deudas.
El éxito de una nueva
emisión depende de los siguientes factores:
1. El precio de emisión.
Cuanto menor sea mayor será el valor de los derechos de suscripción y más fácil
será vender las nuevas acciones, pero menos recursos financieros obtiene la
empresa. Por el contrario, si el precio de emisión fijado es alto, mayor será
el volumen de recursos financieros que la empresa obtiene con un número de
acciones dado, pero más difícil resultará colocar esas acciones en el mercado
primario. El precio de emisión debe fijarse con mucho cuidado y ha de ser
siempre inferior al valor de mercado de las acciones antiguas, pues de lo
contrario nadie compraría las acciones nuevas. A su vez, como el precio de emisión
ha de mantenerse mientras dure la operación de suscripción, aquel ha de fijarse
por debajo del valor de mercado de las acciones antiguas con margen suficiente,
para que si el precio de mercado de dichas acciones desciende nunca quede por
debajo del precio de emisión de las acciones nuevas, ya que en ese caso la
nueva emisión sería un fracaso.
2. La forma en que estén
repartidas en el mercado las acciones antiguas. Si están en pocas manos, su
cotización será mucho más frágil que si están distribuidas entre un gran número
de accionistas.
3. El volumen de acciones
nuevas emitidas. Si la ampliación es de una acción nueva por cada cuatro
antiguas será mucho más fácil colocar la nueva emisión que si la ampliación
fuera de una nueva por una antigua.
4. La elección del momento.
Si existe una fase ascendente en el ciclo económico es probable que la
ampliación salga bien. Sin embargo, si el momento es de recepción conviene
esperar una época más propicia.
5. La intervención de un
buen banco o grupo de bancos de inversión.
6. Una Publicidad adecuada.
En toda elevación del
capital social los accionistas antiguos podrán ejercitar, dentro del plazo que
a este efecto le concede la administración de la sociedad, y que no será
inferior a un mes, el derecho a suscribir en la nueva emisión un número de
acciones proporcional al que posean. Este derecho de suscripción preferente a
favor de los antiguos accionistas tiene el objetivo de salvaguardar los
derechos que aquellos tienen sobre las reservas de la sociedad.
Las reservas se forman a
base de repartir menores dividendos, y ese menor dividendo debe ser compensado
con unos mayores beneficios, generados precisamente por la reinversión de una
parte de los beneficios anteriores. Además, en caso de disolución de la
sociedad, la parte proporcional que a cada accionista le corresponderá en el
neto patrimonial será mayor.
El valor contable de una
acción viene dado por la siguiente relación:
Valor contable = Neto
patrimonial/Número de acciones = Capital + Reservas / Número de acciones.
Si la anterior relación
fuera un método válido de valoración de las acciones y el mercado de valores
funcionara con una cierta perfección, el valor de las acciones debería
aproximarse a dicho modelo. Sin embargo, se trata de un modelo simple y estático
que no tiene en cuenta la capacidad generadora de renta de la entidad, que es
la que determina el valor de las acciones.
Para calcular el valor
teórico de un derecho de suscripción se usa la siguiente relación:
NPo + MP1/N+M
Donde:
N: Número de acciones
antiguas en circulación.
Po: Valor de mercado de una
acción antigua (que se supone que coincide con el valor del mercado.
M: Número de acciones
nuevamente emitidas.
P1: Precio de emisión de una
acción nueva.
. d: Valor teórico del
derecho de suscripción.
La merma patrimonial que
todo poseedor de una acción antigua experimenta, se puede calcular:
. d = Po-NPo+MP1/N+M =
(Po-P1) M/N+M.
Puede comprobarse como
cuando Po=P1 el derecho de suscripción no representa una ganancia adicional
para el accionista. La posibilidad de arbitraje reducirá considerablemente la
diferencia entre el valor teórico y el valor real de los derechos.
Si el precio de los derechos
es sensiblemente superior a su valor teórico, los accionistas antiguos venderán
sus derechos y comprarán acciones en el mercado secundario. Por el contrario,
si el precio de los derechos es demasiado bajo, los arbitrajistas comprarán
derechos y luego venderán en el mercado las nuevas acciones.
La emisión de obligaciones.
Las obligaciones representan
partes alícuotas de una deuda contraída por una sociedad. La propiedad de una
obligación le confiere a su titular la condición de acreedor de la empresa. Las
obligaciones pueden ser nominativas o al portador. Se pueden emitir a la par,
sobre el par y bajo el par. La emisión de obligaciones, al igual que las
acciones, se hará constar es escritura pública, que ha de constar en el
registro mercantil.
A la diferencia entre el
valor nominal y precio de emisión de las obligaciones cuando es positiva se le
denomina “prima de emisión”, y cuando es negativa se le denomina “quebranto de
emisión”. La “prima de reembolso” es una ventaja concedida al obligacionista,
consistente en reintegrarle una cantidad superior al valor nominal de la
obligación. Los lotes son unos premios que se sortean entre los
obligacionistas.
Una obligación se dice que
es convertible cuando, si el obligacionista lo desea, puede ser transformada en
una acción ordinaria de la misma sociedad. La diferencia entre el precio de
emisión de una obligación y su valor de conversión constituye lo que se llama
prima de conversión. Los empréstitos convertibles son considerados normalmente
como capital propio diferido. Los inversores suelen acoger bien la emisión de
obligaciones convertibles, sobre todo cuando se trata de empresas en
crecimiento, por lo que la sociedad puede ofrecer un tipo de interés más bajo.
Los obligacionistas pueden resistirse a la conversión en espera de que suba en
el mercado y de este modo la prima de conversión sea menor, o también en espera
de que suba el precio de las obligaciones para obtener más acciones por cada
obligación. La sociedad puede forzar la conversión amenazando con el reembolso.
La constante inflación y,
por tanto, la consiguiente pérdida del valor del dinero, ha hecho que la
inversión en obligaciones sea cada vez menos atractiva. Para animar a los
ahorradores, las sociedades se han creado una serie de estímulos tales como: la
emisión bajo el par, las primas de reembolso, los lotes y las obligaciones
convertibles, las obligaciones “indiciadas” (en las que se relaciona el valor
de reembolso, el tipo de interés o ambos con algún índice que sea
representativo del alza del costo de la vida) y las obligaciones
“participativas”, las cuales le confieren a su titular el derecho a participar
en los beneficios de la sociedad. Se trata, por tanto, de una fórmula de
financiación intermedia entre la acción y la obligación, al igual que ocurre
con la obligación convertible.
El reembolso de las obligaciones.
Se denomina amortización al
reembolso, por parte de la sociedad, de las obligaciones emitidas.
Existen varias formas de
reembolso de obligaciones tales como:
Por pago anticipado, de
acuerdo con las condiciones de la escritura de emisión.
Como consecuencia de los
convenios celebrados entre la sociedad y el sindicato de obligacionistas.
Por conversión en acciones,
de acuerdo con los titulares.
Entre los métodos más
usuales de amortización de las obligaciones cabe señalar los siguientes:
El método de la anualidad constante.
A este método se le denomina
por algunos autores “método francés”, y consiste en destinar cada período una
cantidad constante para pagar los intereses y devolver el principal que va
quedando sin amortizar; al final de cada período, como parte del principal que
queda por amortizar va siendo menor, el costo de los intereses va disminuyendo
y, por tanto, la parte de la anualidad que corresponde a la devolución del
principal va aumentando gradualmente.
El método de la amortización constante.
Cada período se reintegra el
mismo número de títulos, y además se pagan los intereses de las obligaciones en
circulación en ese momento. Por lo tanto la carga anual del empréstito constará
de una parte fija destinada a la devolución del principal, y de una parte
variable- que va decreciendo- por concepto de pago de intereses.
El método del fondo de amortización.
A este método se le denomina
por algunos autores “método americano”, Consiste en pagar cada período los
intereses correspondientes al importe total del empréstito, y en asignar a un
fondo de amortización- también cada período- una cantidad conveniente para que
al final de la vida del empréstito se haya reconstituido un capital suficiente
para hacer frente a la devolución del mismo.
Los mercados secundarios.
Las Bolsas de valores son la
parte mejor organizada de los mercados secundarios o mercados de negociación, y
de su buen funcionamiento depende en gran medida la eficacia del mercado de
capitales, en general, y del mercado primario de valores o de emisión, en
particular. Si el mercado secundario no existiera, los inversores se
resistirían a comprar valores mobiliarios en el mercado de emisión porque luego
no podrían deshacerse de ellos cuando necesitaran dinero. Una Bolsa de valores,
en cuanto que es un mercado organizado, centraliza las ofertas y las demandas
de los valores mobiliarios admitidos a cotización. Aquellos inversores, en
cambio, que tienen acciones u obligaciones no admitidas a cotización en una
Bolsa, se encuentra en inferioridad de condiciones, porque cuando quiera
deshacerse de ellas tendrán que buscar un comprador, lo cual no siempre es
posible, además siempre le quedará el temor de haberlas vendido demasiado
baratas, a la par que los compradores pensarán que las han adquirido demasiado
caras. De no existir unos mercados secundarios de valores las empresas no
podrán recabar del mercado financiero los capitales permanentes que tan
fundamentalmente son para la financiación de sus inversiones a largo plazo o
capital fijo.
Rentabilidades.
Definición:
El diccionario de la Real
Academia Española (RAE) define la rentabilidad como la condición de rentable y
la capacidad de generar renta (beneficio, ganancia, provecho, utilidad). La
rentabilidad, por lo tanto, está asociada a la obtención de ganancias a partir
de una cierta inversión.
La rentabilidad hace
referencia a los beneficios que se han obtenido o se pueden obtener de una
inversión.
Tanto en el ámbito de las
inversiones como en el ámbito empresarial es un concepto muy importante porque
es un buen indicador del desarrollo de una inversión y de la capacidad de la
empresa para remunerar los recursos financieros utilizados.
Es la capacidad de un
instrumento de inversión de generar ganancias o rendimiento futuro. Dependiendo
del instrumento en el que se invierta (deuda o capitalización) y de la
estrategia de inversión, estos rendimientos pueden ser significativos, modestos
o pueden no producirse y significar la pérdida del capital invertido. Esta
incertidumbre se conoce como el riesgo de la inversión. Tasa de retorno
obtenida de una inversión en un valor específico o de algún título.
Podemos diferenciar entre
rentabilidad económica y financiera.
Rentabilidad económica (RE)
Hace referencia a un
beneficio promedio de la empresa por la totalidad de las inversiones
realizadas. Se representa en porcentaje y se traduce de la siguiente manera, si
la rentabilidad de una empresa en un año es del 10% significa que ha ganado 10€
por cada 100€ invertidos.
La rentabilidad económica
compara el resultado que hemos obtenido con el desarrollo de la actividad de la
empresa con las inversiones que hemos realizado para obtener dicho resultado.
Obtenemos un resultado al que todavía no hemos restado los intereses, gastos ni
impuestos. Se conoce comúnmente como EBITDA.
Para calcular la
rentabilidad económica de una empresa y conocer el rendimiento conseguido por
cada unidad monetaria invertida se utiliza la ratio rentabilidad de los activos
(ROA, return on assets en inglés). Es el resultado de multiplicar el margen de
beneficios por la rotación del activo, es decir, el margen que obtenemos de la
venta de un producto o servicio por las veces que lo vendemos.
Como cada actividad, para
aumentar la rentabilidad económica, cada empresa tendrá que adoptar la mejor
estrategia para su negocio. Una manera de aumentar la rentabilidad económica es
aumentando los precios de venta y reduciendo los costes, aunque como hemos
dicho, esto no lo podemos aplicar a todas las actividades económicas.
Por ejemplo, si nos
encontramos ante un negocio que se enfrenta a mucha competencia en precios, no
podrá subir los precios, sino que tendrá que aumentar las ventas. Recordemos
que la rentabilidad económica la obtenemos de dos variables el margen de
beneficio y el número de ventas. Si no podemos subir el margen, tendremos que
subir el número de ventas.
Rentabilidad financiera.
Por otro lado, la
rentabilidad financiera hace referencia al beneficio que se lleva cada uno de
los socios de una empresa, es decir, el beneficio de haber hecho el esfuerzo de
invertir en esa empresa. Mide la capacidad que posee la empresa de generar
ingresos a partir de sus fondos. Por ello, es una medida más cercana a los
accionistas y propietarios que la rentabilidad económica.
La ratio para calcularla es la
ratio sobre capital, conocido comúnmente como ROE (return on equity). En
términos de cálculo es la relación que existe entre el beneficio neto y el
patrimonio neto de la empresa.
Existen tres maneras de
mejorar la rentabilidad financiera: aumentando el margen, aumentando las ventas
o disminuyendo el activo, o aumentar la deuda para que así la división entre el
activo y los fondos propios sea mayor.
Diferencia entre rentabilidad financiera y rentabilidad económica.
La rentabilidad económica
(RE) es diferente de la rentabilidad financiera (RF). La rentabilidad económica
tiene en cuenta todos los activos utilizados para generar rentabilidad. En
contraste, la rentabilidad financiera sólo tiene en cuenta la cantidad de
recursos propios utilizados. Es decir, a la hora de calcular la RF excluimos
las deudas.
Así, a través de la
siguiente fórmula podemos establecer una relación entre ambas rentabilidades,
establecer la rentabilidad financiera real
y adquirir nociones de cuándo el apalancamiento es positivo o negativo
para una empresa:
RF =
RE [RE + k(1-t)] x D/RP
RF: Rentabilidad financiera.
RE: rentabilidad económica.
K: Coste de la deuda
(interés)
t: impuestos
D: deuda o pasivo total de
la empresa
RP: Recursos propios
Cuando la RE es mayor que el
coste de la deuda (k), el apalancamiento financiero es positivo y la RF será
mayor que la RE. En cambio, si el coste de la deuda es mayor que la RE, habrá
un efecto apalancamiento negativo y la RF será menor que la RE. Miremos estos
dos ejemplos:
Además, cuanto mayor sea la
deuda (D) utilizada para financiar una inversión mayor será el apalancamiento
financiero y por tanto mayor será la RF en comparación con la RE. Así mismo,
menor será la rentabilidad financiera, pero la rentabilidad puede ser mayor
debido al apalancamiento financiero. Si una empresa no utiliza deuda, la RE
será igual a la RF.
Las expectativas de rentabilidad del mercado.
La expectativa de
rentabilidad del mercado es la rentabilidad que el mercado en su conjunto
espera tener en el largo plazo. Uno podría pensar que estas expectativas son
constantes, lo cual significaría que de media el mercado espera siempre obtener
una rentabilidad del x% anual. Sin pensar demasiado, vemos que esto no puede
ser cierto ya que el tipo de interés sin riesgo varía en el tiempo y no tendría
mucho sentido esperar siempre la misma rentabilidad independientemente de que
rentabilidad ofrezca una inversión segura.
Otra opción sería suponer
que la rentabilidad por encima del activo libre de riesgo es constante. Esto
significaría que siempre esperaríamos obtener un x% por encima del tipo de
interés de la deuda alemana, por ejemplo. A esta diferencia se le llama prima
de riesgo (“Risk premia”).
La hipótesis de una prima de
riesgo constante tiene sentido, pero los datos indican que la realidad no es
así. La prima de riesgo esperada del
mercado (la diferencia entre el rendimiento esperado del mercado y el tipo de
interés libre de riesgo) es variable en el tiempo y es contracíclica. Esto
significa que en momentos de recesión la prima de riesgo aumenta y en momentos
de bonanza económica la prima de riesgo disminuye.
La prima de riesgo esperada
en cada momento no es observable. Hay que estimarla y existen diferentes
métodos para ello. En los siguientes gráficos observamos dos estimaciones
distintas de la expectativa de mercado en cada momento, desde abril 1988 hasta
septiembre 2018.
Inversiones del Banco Mundial a través del mercado de capitales.
Cada día existen más
personas e instituciones interesadas en participar en el mercado de capitales
buscando una vía para invertir su dinero en productos que logren generar
beneficios que superen, al menos, los porcentajes de inflación del país en el
que se encuentran y así asegurar un fondo para su retiro, luego de trabajar
arduamente por tanto tiempo.
El mercado de capitales
ofrece un sinfín de productos que permite a las personas o empresas invertir
tomando en consideración su objetivo de inversión, ya sea pasivo (inversiones a
mediano o largo plazo con menor riesgo) o activo (inversiones a corto plazo con
mayor riesgo). En definitiva, cada parte elige el tipo de inversión que más se
acople a sus necesidades, por ejemplo, una persona de 40 años que busca
fomentar su plan de retiro, sin duda debe inclinarse por una inversión a largo
plazo donde podrá asegurar mayores rentabilidades con una mayor aversión al
riesgo.
Así como cada vez se
incorporan nuevos inversores al mercado de capitales, también más emisores
-llámese empresas u organizaciones- se interesan en buscar financiamiento por
esta vía, la cual, en términos generales, es más económica (a nivel de tasas)
que financiarse por el método tradicional: la banca.
Una mención especial debe
hacerse a instituciones como el Grupo Banco Mundial (GBM) que, siendo una
organización especializada en asistencia financiera y técnica para los llamados
países en desarrollo, desde hace más de 70 años, recauda fondos en los mercados
de capitales para invertir en proyectos de desarrollo, convirtiéndose en un
producto admitido con gran aceptación entre los inversionistas que buscan
oportunidades de inversiones de renta fija seguras.
Según un informe publicado
por el Banco Mundial, desde 1947, el Banco Internacional de Reconstrucción y
Fomento (BIRF) y la Corporación Financiera Internacional (IFC), ambas
instituciones del GBM, han recaudado en total un monto equivalente a más de US$
900.000 millones en emisiones dentro del mercado de capitales, gracias a su
perfil de riesgo conservador y a su rendimiento financiero previsible, un monto
bastante representativo, tomando en consideración que, en general, un proyecto
puede rondar entre los US$ 25.000 – 50.000 millones.
La Asociación Internacional
de Fomento (AIF), otra institución del Grupo Banco Mundial, dedicada
básicamente a proporcionar donaciones, financiamiento en condiciones
concesionarias y asistencia técnica a los países de ingreso bajo, la cual
cumple estos objetivos gracias a las contribuciones de sus Estados miembros
que, a pesar de ser aportes considerablemente importantes, podrían llegar a no
ser suficientes.
En 2015, tras la adopción de
los 17 objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, comenzó
a reconocerse cada vez más que estos mecanismos tradicionales no bastarían para
cumplir con la ambiciosa agenda y en definitiva se esperaba que la AIF cumpliera
su cometido y aumentará el nivel de asistencia que brinda.
Es por este motivo que para
el 2016, los miembros de la AIF acordaron transformar el modelo de
financiamiento, aprovechan su sólida base de capital para poner en marcha un
nuevo mecanismo de financiamiento, combinando los recursos aportados con fondos
obtenidos en los mercados de capital.
No es hasta el 17 de abril
del 2018 que, por primera vez, acuden al mercado de capitales cumpliendo con 4
características importantes:
– Capital Sólido de US
163.000 millones.
– Buen estatus de acreedor
preferencial y un excelente historial de reembolso de sus préstamos.
– Respaldo de accionistas.
– Bajo nivel de deuda.
Cumpliendo estas 4
particularidades, la AIF obtuvo, según el informe publicado, la calificación
máxima de Standard & Poor’s (AAA*) y Moody’s (Aaa*), y su primer bono tuvo
un resultado mayor al previsto y permitió recaudar US$ 1.500 millones para
cubrir los problemas de desarrollo más urgentes.
Pero esto no quedó aquí,
desde su primera emisión, la AIF ha ampliado su programa de endeudamiento, para
ofrecer papeles de deuda a corto plazo, y al 30 de junio de 2019, según el
Banco Mundial, ya había alcanzado la suma de US$ 1.900 millones, esperando que
las nuevas emisiones previstas en los próximos años se expresen en decenas de
miles de millones de dólares.
Es así como, emisiones de
este tipo, cuyo objetivo principal es mejorar las condiciones de muchas
personas que buscan una vida mejor en los países de ingreso bajo, se han
convertido en un producto que, en una época en la que cada vez más
inversionistas buscan orientar el capital hacia inversiones que satisfagan sus
necesidades financieras y cumplan una finalidad social positiva, la AIF
resulta, sin duda, una opción muy atractiva.
Estadísticas de rentabilidad.
Todas las empresas, a la
hora de realizar su actividad empresarial tienen interés en conocer si están
realizando sus operaciones adecuadamente y si están generando los beneficios
esperados o por el contrario su actividad no se está llevando a cabo de manera
correcta y no se alcanzan los objetivos marcados. Por ello llevan a cabo un
análisis de la situación financiera a través de una serie de indicadores de
rentabilidad.
Indicadores de rentabilidad, ¿qué son?
Los indicadores de
rentabilidad son una serie de índices que sirven a una empresa para medir la
capacidad que tienen de obtener beneficios, principalmente a través de los
fondos propios disponibles o del activo total con el que cuenta la empresa.
¿Cuáles son los indicadores de rentabilidad más utilizados?
Indicador de Rentabilidad
Neta del Activo.
Este indicador de
rentabilidad muestra la capacidad que tiene el activo de generar beneficios en
la empresa, sin tener en cuenta como ha sido financiado.
Rentabilidad Neta: Beneficio
Neto/Activo Total.
Existe una variante de este
indicador de rentabilidad, llamada Sistema Dupont, que relaciona la
rentabilidad de las ventas con las rotaciones producidas en el activo total,
así se conocen que áreas de la empresa son las que están produciendo los
beneficios en la empresa.
Rentabilidad Neta: Beneficio
Neto/Ventas x Ventas/Activo Total.
Indicador de Rentabilidad
Margen Bruto
Indicador de rentabilidad
que relaciona el beneficio bruto con las ventas totales de la empresa, es
decir, la rentabilidad obtenida por las ventas una vez descontados los gastos
de su fabricación y los intereses e impuestos correspondientes.
Margen Bruto: Ventas-Coste
de Ventas/Ventas.
Indicador de Rentabilidad
Margen operacional.
Este margen muestra la
relación entre las ventas de la empresa, es decir el beneficio que se obtiene
por ellas, teniendo en cuenta el coste de las ventas y también los gastos de
administración y ventas que lleva a cabo.
Margen Operacional:
Beneficio Operacional /Ventas.
Indicador de Rentabilidad
operacional del patrimonio
Muestra la rentabilidad que
obtienen los propietarios de la empresa por la inversión que han realizado en
la misma, sin tener en cuenta los gastos financieros y los impuestos.
Rentabilidad operacional del
patrimonio: Beneficio operacional/Patrimonio.
Indicador de Rentabilidad
financiera
Esta rentabilidad mide los
beneficios netos que se obtienen en relación a la inversión realizada por los
accionistas de la empresa, sin tener en cuenta gastos financieros, impuestos ni
la participación de los trabajadores.
La rentabilidad financiera
se calcula simplemente dividiendo el beneficio neto entre el patrimonio, pero
vamos a tener en cuenta para su cálculo una fórmula un poco más compleja que
nos permita identificar exactamente qué factores afectan a la rentabilidad que
obtienen los inversores.
Si se calculan
correctamente, todos estos indicadores de rentabilidad serán los más adecuados
para calcular la rentabilidad de la empresa.
Una efectiva evaluación financiera.
Para medir la rentabilidad
del proyecto lo primero es hacer una evaluación financiera. Esta se inicia al
conocer su duración. No obstante, el tiempo del proyecto puede ser incierto, a
largo plazo, para el decisor. Para ello se puede hacer un estudio aproximado
que englobe el número de años que el inversionista podría esperar para
recuperar su inversión.
Después se debe evaluar la
periodicidad del proyecto, su división y subdivisión. Los altos mandos deben
definir si la evaluación se realizará de forma mensual, semestral o anual. Si
una empresa decide dividir la vida del proyecto en meses significa que tendrá
que calcular ingresos, egresos, inversión, impuestos, entre otros, de manera
mensual.
Posteriormente se debe
determinar la tasa de costo de oportunidad (To), que está vinculada a aquello a
lo que un agente económico renuncia al elegir algo. La To es la mejor tasa que
una empresa podría obtener invirtiendo la misma cantidad de dinero en otro
proyecto con un riesgo similar.
Al contar con la duración
del proyecto, la empresa determina el monto de la inversión inicial y de los
flujos de fondos netos de cada periodo en los que se divide el proyecto.
Finalmente, se calculan los indicadores que ayudarán a tomar la decisión final.
Dos de los indicadores más utilizados son la Tasa Interna de Retorno y el
Periodo de Recuperación.
¿Cuáles son los indicadores de rentabilidad en proyectos de
inversión?
Valor Presente Neto (VPN).
Se trata de la diferencia entre el valor de mercado de una inversión y su
costo. Este indicador de rentabilidad mide cuánto valor es creado por realizar
cierta inversión. Para evaluar un proyecto de inversión con base en el Valor
Presente Neto se tienen que considerar aspectos como inversión inicial previa,
tasa de descuento, número de períodos y flujos netos de efectivo.
Tasa Interna de Retorno
(TIR). Es uno de los indicadores de rentabilidad más utilizados. Se trata de
encontrar una sola tasa o rendimiento del proyecto. Una inversión tiene que ser
tomada en cuenta si la TIR excede el rendimiento requerido. En caso contrario,
tiene que ser rechazada. La TIR es el rendimiento requerido para que el cálculo
del Valor Presente Neto con esa tasa sea igual a cero.
Periodo de Recuperación de
la Inversión. Establece el tiempo que toma que la inversión retorne. Es
importante destacar que un proyecto de inversión es aceptado si el tiempo para
recuperar la inversión es menor al periodo determinado.
Relación Beneficio Costo
(B/C). Genera un comparativo de los ingresos y costos a valor actualizado, con
la finalidad de obtener un resultado que determine cuánto cuesta la inversión y
así tener mejores resultados durante esta. Cabe destacar que se actualizan los
ingresos y costos, y después de hacer el cálculo, se espera un rendimiento
mayor.
Estos son algunos de los
indicadores de rentabilidad más utilizados en proyectos de inversión.
Rentabilidades promedias de los valores y rentabilidades sin
riesgo.
La rentabilidad con riesgo
cero nunca ha existido, pero hasta hace relativamente poco tiempo había muchas
opciones en el mercado para obtener una ganancia razonable con un nivel de
riesgo muy bajo. Actualmente hay muchos bonos cotizando con intereses próximos
a cero o incluso negativos.
Aunque la renta fija no
ofrezca rentabilidad su riesgo es superior al que incorporaba en el pasado.
Desde estos niveles es más probable una subida de tipos y el endeudamiento de
muchos emisores es ahora mayor. Eso quiere decir que tiene más riesgo de
depreciación si los tipos suben (riesgo de tipos) y de impago (riesgo de
crédito).
Por otro lado, hay que
considerar la inflación. Hasta ahora, la revalorización generalizada de los
bonos (por las bajadas de tipos) se ha producido en un entorno de baja
inflación, por lo que la plusvalía real era muy elevada. A partir de ahora, una
caída de la valoración de la renta fija se produciría en un contexto de
inflación creciente, por lo que la pérdida de poder adquisitivo del capital
invertido puede ser dramática.
La inflación también afecta
a la renta variable y como inversores debemos ser conscientes. Cuando el
crecimiento nominal (crecimiento real + inflación) era elevado la
revalorización promedio de las acciones era también alta. En consecuencia, casi
todos los fondos de bolsa subían a medio y largo plazo. Los partícipes con
revalorizaciones modestas no exigían más porque el resultado nominal era
positivo, aunque en términos reales no lo fuese.
Tasa promedio de rentabilidad.
TASA DE RENDIMIENTO PROMEDIO
(TRP) La capacidad de una empresa para obtener utilidades o rentabilidad, es la
efectividad real de la misma, la cual depende de la eficiencia y eficacia de
sus operaciones, así como de los medios o recursos que dispone.
ANALISIS DE RENTABILIDAD: El
método de TPR, relaciona el flujo promedio anual de efectivo y la inversión inicial
mostrando una tasa de rendimiento promedio del proyecto. El criterio de
elección en este caso, será de aquel proyecto con mayor tasa de rendimiento.
La tasa promedio de
rendimiento sobre la inversión (TPR). - mide la relación que existe entre el flujo
de fondos neto y la inversión inicial neta promedio.
TPR: Flujo neto de
efectivo/inversión ÷2
El cálculo de la tasa
promedio de rendimiento se realiza sobre la inversión promedio debido a que la
inversión en los activos utilizados para realizar las inversiones no será el
mismo durante t oda la vida del proyecto, ya que va disminuyendo a medida que
se agotan los activos utilizados en el proyecto de inversión.
La interpretación que se
hace de este indicador es la siguiente:
a) Mide cuántas veces representa
el flujo neto de efectivo con relación a la inversión promedio del proyecto de
inversión
b) Al multiplicar por cien
el número de veces que representa el flujo neto de efectivo con relación a la
inversión promedio, nos muestra en porcentaje la cantidad del flujo neto de
efectivo con relación a la inversión promedio
En el caso que los Flujos
Netos de Efectivo sean desiguales se debe de calcular la
Tasa Promedio de Rendimiento
por cada uno de los años.
Rentabilidad sin riesgo.
Rentabilidad que ofrecen las
obligaciones que se consideran sin riesgo, como pueden ser las del Gobierno de
Estados Unidos, el bund alemán o el bono español. Cualquier otro prestatario
debe ofrecer más interés a medida que empeora su calificación de riesgo. Sin
embargo, en la práctica, se considera que no existe ningún producto de ahorro o
inversión que ofrezca rentabilidad y esté 100% garantizado. En general, las
letras del Tesoro figuran entre los productos más seguros, ya que están
respaldadas por el Gobierno emisor, pero no todos los países ofrecen las mismas
garantías de cobro.
Rentabilidad libre de riesgo.
La rentabilidad libre de
riesgo, también conocida como tasa de rentabilidad libre de riesgo, es un
método utilizado normalmente para valorar inversiones de los mercados
financieros como por ejemplo en el caso de los fondos de inversión. Se trata
del tipo de rendimiento obtenido al invertir en un determinado activo
financiero que normalmente no tiene ningún riesgo de impago, es decir, que la rentabilidad
de dicho activo está garantizada y el producto financiero tiene una seguridad.
¿Cómo podemos calcular la rentabilidad libre de riesgo?
Para calcular la tasa o
rentabilidad libre de riesgo lo que se hace es restarle a la rentabilidad
obtenida en un determinado fondo de inversión o activo financiero, la que se
hubiese obtenido durante ese mismo periodo en activos financieros que estén
libre de riesgo.
Por tanto, si queremos
calcular esta rentabilidad libre de riesgo debemos tomar como referencia
aquellos productos que cuenten con una tasa de riesgo cero, o lo que es lo
mismo, una rentabilidad libre de riesgo.
¿Qué tipo de activos tiene una rentabilidad libre de riesgo?
Cuando hablamos de la
rentabilidad libre de riesgo de los productos financieros, a los que se les
suele asociar este término son a aquellos procedentes de las instituciones
públicas. Como ejemplos de activos libres de riesgo encontramos las Letras del
Tesoro y los Bonos del Estado, ya que se consideran los productos financieros
más seguros que podemos encontrar en el mercado. En todo caso, este tipo de
activos libres de riesgo cuentan también con una rentabilidad mucho más pequeña
en comparación con otro tipo de activos no libres de riesgo.
En el peor de los casos,
encontramos la posibilidad de que un Estado tenga problemas para afrontar sus
deudas. A pesar de ello, los Estados tienen el compromiso de devolver ese
dinero a sus inversores garantizando que estos obtengan, como mínimo, el
importe que invirtieron.
¿Cuál es la tasa máxima de rentabilidad libre de riesgo que
podemos encontrar?
En primer lugar y antes de
comenzar a valorar una inversión financiera, normalmente lo que se hace es
fijar en qué nivel se encuentra situada la tasa de rentabilidad libre de
riesgo.
En España el producto
financiero que tenemos que utilizar para tener como referencia dicha
rentabilidad libre de riesgo es la Letra del Tesoro a 12 meses cuya
rentabilidad se sitúa, actualmente, en torno al 0,765%. Se trata de una
rentabilidad muy baja, pero debido a la relación rentabilidad-riesgo de los
productos financieros, cuanto más segura sea una inversión, normalmente viene
asociada a una menor rentabilidad. Por el contrario, cuanto más riesgo se
asocie a una inversión, la rentabilidad será mayor con el fin de compensar el
riesgo asumido por el inversor.
Existe la posibilidad de
obtener una mayor rentabilidad en productos financieros con rentabilidad libre
de riesgo, pero para ello el inversor deberá asumir algunas restricciones como
por ejemplo alargar el plazo de su inversión.
Soportando mayores restricciones a la rentabilidad de nuestro dinero,
podremos demandar una mayor rentabilidad. También existen casos mediante los
cuales se puede conseguir una rentabilidad adicional sin asumir un mayor riesgo
asociándose a la entidad que lo emite, sería el caso de ciertas ofertas de
depósitos a los que se accede traspasando un plan de pensiones.
Si alargamos el plazo de la
inversión, la rentabilidad asociada será mayor.
Soportando mayores
restricciones a la rentabilidad de nuestro dinero, podremos demandar una mayor
rentabilidad.
¿Existe realmente la rentabilidad libre de riesgo?
Tras la crisis económica que
hemos sufrido durante los últimos años, muchos países se han visto obligados a
afrontar una alta tasa de déficit. Entre ellos podemos encontrar países como
Grecia, Italia, Portugal, Irlanda, y también España. Por ello, muchos nos
preguntamos si de verdad existe la rentabilidad libre de riesgo o es una utopía
en ciertos países.
Podemos encontrar países que
tienen una rentabilidad con un riesgo menor que el país del que proceden. Sin
irnos más lejos, esto es lo que ocurrió a mediados de 2015 en España, momento
en el cual empresas españolas como Santander, Mapfre, Enagás o Red Eléctrica
poseían una valoración según la prestigiosa analista S&P de BBB+, superior
a la calificación del propio país a la que se le otorgó una valoración BBB.
Por ello, y en palabras de José
María Revello, director del Máster en Corporate Finance del IEB “para un país
dado será mejor hablar de rentabilidad del riesgo público que de rentabilidad
libre de riesgo, ya que todos los países tienen algo de riesgo, aunque sea muy
poco”. También nos recuerda que, “la calificación AAA no exime totalmente de riesgo,
aunque la probabilidad de impago para un país o empresa que ostente este rating
sea extremadamente baja”.
Por lo tanto, podemos decir
que la rentabilidad libre de riesgo en algunos países no existe como tal, pero
que, por lo general, el riesgo es tan bajo que podríamos hablar de una rentabilidad
libre de riesgo porque posee un riesgo tan pequeño que es casi inexistente.
Tasa de descuento para los proyectos con riesgo beta.
Beta de una acción
Concepto de Beta
El coeficiente beta (β) de
una acción mide el grado de variabilidad de la rentabilidad de una acción
respecto a la rentabilidad promedio del "mercado" en que se negocia y
por ello es un concepto muy utilizado por los analistas financieros.
La beta (β) mide el 'riesgo sistemático'
o 'de mercado'. Cuanto más volátil sea una acción con respecto al índice del
mercado, tanto mayor será su 'riesgo de mercado'.
Cuando su beta = 1 (valor
neutro) la acción se mueve en la misma proporción que el índice o posee el
mismo riesgo sistemático. Por ejemplo, si el mercado ha subido un 10 % en el
último año, la acción también ha subido lo mismo y si ha bajado un 7 %, la
acción también ha bajado exactamente igual.
Cuando su beta >1 (valor
agresivo) la acción registra una mayor variabilidad que el índice, lo que
muestra que la acción tiene un mayor riesgo que el mercado. Por ejemplo, si el
mercado ha subido un 8 % en el último año, la acción ha subido más y si ha
bajado un 12 %, la acción también ha bajado más.
Cuando su beta < 1 (valor
defensivo) la acción registra una menor variabilidad que su índice de
referencia o posee para el mercado un menor riesgo. Por ejemplo, si el mercado
ha subido un 7 % en el último año, la acción ha subido menos y si ha bajado un
5 %, la acción ha subido más.
En resumen:
Cuanto mayor sea la
desviación estándar de las rentabilidades históricas de una acción, tanto mayor
será su volatilidad histórica y por tanto su riesgo.
Cuanto mayor sea la beta (β)
de una acción, tanto mayor será su 'riesgo sistemático' o 'riesgo de mercado'.
Tasa de Descuento y Riesgo.
Cuando se evalúan proyectos
de inversión a nivel de perfil, los flujos de caja se descuentan a una tasa de
descuento igual a la tasa de interés activa vigente en el mercado; esto es así
porque a nivel de perfil, la exigencia y precisión del estudio es relativa; sin
embargo, en la etapa de evaluación del proyecto la tasa de descuento se torna
en un dato relevante y esta debe representar el coste del capital del proyecto
en particular, es decir, para determinar la tasa de descuento para un proyecto
en particular, luego de elaborado el flujo de fondos netos, se debe proceder al
cálculo del coste del capital utilizando los métodos o modelos más importantes:
el capital asset pricing model (modelo de valoración de activos financieros), y
el weighted average cost of capital (modelo del costo del capital promedio
ponderado). Luego se podrá obtener el nivel de rentabilidad esperado utilizando
los distintos criterios existentes.
¿Qué es una tasa de descuento y qué importancia tiene en la
valoración de empresas?
Valorar una empresa es
utilizar técnicas de análisis financiero, y buen criterio, para conseguir una
aproximación al valor intrínseco de una compañía. Existe un abanico de métodos
para dar con el valor teórico de un activo, sin embargo, en este blog
revisaremos una en particular: el descuento de flujos de caja.
[El flujo de caja descontado
es un método de valoración basado en la teoría de evaluación de proyectos,
consistente en actualizar una corriente de flujos de fondos futuros.]
Precisamente el elemento que
trae hacia el presente los flujos futuros es la tasa de descuento. Ésta es un
porcentaje que sirve para homogeneizar en el tiempo los diferentes flujos de
liquidez que se espera genere la empresa en el futuro. También es posible
concebir a esta tasa, como el rendimiento anual mínimo que se va a exigir a la
empresa para que proporcione en el futuro.
¿Por qué usamos la tasa de
descuento para invertir en la bolsa?
Cuando nos enfrentamos con
la decisión de adquirir una empresa debemos averiguar si dicho precio de
mercado está infra o sobrevalorado, para lo cual debemos compararlo con el
precio intrínseco que tendrá para el comprador.
Para calcular dicho valor
debemos conocer cuál es la tasa de descuento a la que debemos actualizar los
diversos flujos de caja. Esta tasa es indicativa del rendimiento mínimo exigido
a la inversión en el activo financiero correspondiente y, por tanto, es función
del riesgo sistémico de dicho activo.
El riesgo de cualquier
activo se puede subdividir en dos partes. El riesgo específico y el riesgo
sistemático indicativo de aquellas variaciones de su rendimiento que no son
imputables a dicho activo. El riesgo específico es posible eliminarlo
totalmente mediante una buena diversificación, lo que no ocurre con el riesgo
sistemático.
El rendimiento esperado de
cualquier activo es función únicamente de su riesgo sistemático al considerarse
anulado su riesgo específico. Si el inversor no anula el riesgo específico de
su inversión mediante una adecuada diversificación, estará corriendo un riesgo
gratuitamente, puesto que el rendimiento esperado del proyecto sólo paga el
riesgo sistemático.
Para calcular la tasa de
descuento es imprescindible averiguar el riesgo de la empresa objetivo, puesto
que el proceso de actualización de flujos, nos proporciona un medio para
incorporarlo a través de la tasa de descuento. Cuanto más arriesgado sea el
negocio de la empresa que se desea comprar, mayor será la tasa de descuento
apropiada para los flujos de caja y menor será su valor actual, es decir, su
valor intrínseco.
El costo del capital deberá
ser consistente con el procedimiento de valoración de la empresa y con la
definición de los flujos de caja que van a ser descontados, para esto deberá
cumplir lo siguiente:
Ser un promedio ponderado de
los costos, de todas las fuentes de financiamiento de la empresa, a medio y
largo plazo.
Ser calculado después de
impuesto.
Se utilizarán tasas
nominales de rendimiento anuales para flujos de caja nominales. De usarse tasas
reales, los flujos deben ser actualizados de acuerdo a la variación de un
índice de nivel de precios o a la variación de la tasa de inflación anual
esperada.
Deberá estar ajustado al
riesgo sistemático de cada proveedor de fondos, puesto que éste esperará un
rendimiento apropiado al riesgo que incurre.
Las ponderaciones deberán
calcularse con base en los valores de mercado de las diferentes fuentes
financieras. En ausencia de estos valores, se deberá usar la información
contable disponible.
La tasa de descuento está
sujeta a variaciones a través del período de previsión de los flujos de caja,
debido a las alteraciones que puedan ocurrir en la inflación, riesgo
sistemático y la estructura de capital.
¿Qué fuentes de financiamiento son relevantes para el cálculo de
la tasa de descuento?
Para determinar el costo de
capital nos interesan los recursos que financian el activo fijo de la empresa
más los necesarios para financiar el incremento del fondo de maniobra. Todos
estos recursos financieros son de medio-largo plazo, es por ello, que sólo
utilizaremos para el cálculo del costo de capital medio ponderado las deudas a
medio-largo plazo y las acciones preferentes y ordinarias.
Si una empresa utiliza de
forma habitual recursos financieros a corto plazo para financiar sus
inversiones a largo plazo, deberemos incluir el costo de dicha deuda a corto
como una parte del costo de capital.
El costo de las deudas.
El coste de la deuda (Kd) es
el coste que tiene una empresa para desarrollar su actividad o un proyecto de
inversión a través de su financiación en forma de créditos y préstamos o
emisión de deuda (véase financiación externa).
Cuando hablamos del coste de
la deuda, estamos haciendo referencia al coste monetario al que tiene que hacer
frente una empresa por pedir prestado. Es decir, del mismo modo que hay costes
de producción (empleados, materias primas o alquiler de naves), también hay
costes asociadas a la deuda.
Este coste depende
principalmente de varios factores como del valor de la deuda, impuestos, tipo
de interés aplicable, etc. Factores, todo sea dicho, que veremos más tarde.
Características del coste de
la deuda
Las principales
características son:
Es un coste observable.
Mayor facilidad de cálculo
que el coste del capital.
Se utiliza el coste efectivo
de la deuda después de impuestos.
El costo de las acciones ordinarias.
El costo de las acciones
ordinarias corresponde a la mínima tasa de rendimiento que los accionistas
pedirán por no vender sus acciones e irse a otra compañía de similar riesgo
pero que les prometa una mayor rentabilidad.
De todos los costos de
financiamiento, éste es el mayor debido a que es el más riesgoso. Por otra
parte, a diferencia de los bonistas y accionistas preferentes, los dueños de
acciones ordinarias tienen derecho residual sobre los flujos de caja generados
por la empresa, y por ello, tienen más riesgo que ningún otro inversor. A
continuación, describiremos dos modelos que en la actualidad representan el
sustento de la determinación del costo de las acciones ordinarias.
El Modelo de valoración de activos financieros (CAPM).
El CAPM parte del supuesto
de que el rendimiento requerido por un inversionista en acciones ordinarias es
igual a la tasa de rendimiento sin riesgo más una prima de riesgo, donde el
único riesgo importante es el sistemático. El riesgo sistemático nos indica
cómo responde el rendimiento de la acción ante las variaciones sufridas en el
rendimiento del mercado de valores. El riesgo sistemático se mide a través del
coeficiente de volatilidad beta.
Si beta toma un valor igual
a uno, el activo estará variando al unísono con el mercado de valores, pero si
dicho valor fuese más pequeño, sus oscilaciones serían de menor tamaño que las
del rendimiento del mercado. Ocurre lo contrario si beta es mayor que uno.
La beta se calcula a través
de una regresión lineal simple entre los rendimientos del título, o cartera y
los rendimientos del índice bursátil tomado como referencia. Los rendimientos
se miden a través de un periodo diario, semanal o mensual. CAPM es un modelo
(ex ante) basado en las expectativas acerca de los rendimientos futuros
esperados, pero como no es posible conocer las expectativas de todos los
inversores, se supone que el pasado es una muestra insesgada del futuro.
Algunas consideraciones sobre la estimación de las betas
históricas.
Respecto al plazo de
estimación, es común utilizar datos históricos que van desde los dos últimos
años hasta los últimos cinco. En relación al intervalo de los rendimientos
utilizados para el cálculo, estos pueden ser diarios, semanales, mensuales o
anuales. Para el cálculo del rendimiento esperado del mercado, usamos un índice
de mercado representativo. Si el activo fuese una empresa multinacional podría
ser útil un índice de tipo internacional. El valor del coeficiente de
volatilidad beta depende de tres variables:
El tipo de negocio: cuanto
más sensible sea el negocio de la empresa a la situación general del mercado,
mayor será la beta.
El apalancamiento operativo
de la empresa: definiendo este apalancamiento como la relación existente entre
los costos fijos y los costos totales. Cuanto mayor sea el nivel de los costos
fijos en relación a los totales, mayor será la variabilidad de los beneficios
antes de intereses e impuestos, y por tanto, mayor será la beta.
El apalancamiento
financiero: está representado por la relación entre las deudas a medio-largo
plazo y los recursos propios. Cuanto mayor sea el grado de endeudamiento de la
empresa, mayor será el riesgo financiero, y por tanto, mayor será la beta.
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